Volviendo sobre la Batalla de Inglaterra, llegó un momento en que los pilotos alemanes comenzaron a perder la ilusión, la moral y las esperanzas. Los pilotos volaban nerviosos y volvían al continente en cuanto podían, temiendo que en cualquier momento llegará su hora.
El número de bajas en algunas unidades alcanzó el 25%. Todos esperaban días de mal tiempo para poder tomarse un descanso en las misiones. Empezaron a aparecer supersticiones. Algunos pilotos se negaban a ser fotografiados, recordando que en la Primera Guerra Mundial, Von Richthofen, el Barón Rojo, había muerto minutos después de que le sacaran una foto. La paranoia llegaba a tales niveles, que no era raro ver pilotos aterrizando con los extremos de las hélices torcidos por haber tocado el agua en el Canal de la Mancha. El miedo a ser detectados por el radar y a que les atacaran, les hacía volar sumamente bajo.
lunes, 10 de agosto de 2009
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